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El arte moderno en el Paraguay se desarrolla en tres momentos claramente diferenciados. Un primer momento, que se caracteriza por la representación naturalista, toma el paisaje paraguayo como tema y contenido central, encontrando en la obra de Pablo Alborno (1877-1958) y Juan Samudio (1879-1935) un rico y notable desarrollo. Ellos y Carlos Colombo (1878-1960) conforman el primer grupo de becarios.1 Por otro lado, y con menos intensidad, se plantean géneros como el retrato y la naturaleza muerta. Sin embargo, Modesto Delgado Rodas (1886-1963), que había estudiado por cuenta propia en Buenos Aires y en Italia, pinta los primeros desnudos que recuerda la historia del arte en el medio. Si bien este naturalismo primero arraiga en sistemas académicos programáticamente estructurados en torno a valores plásticos del naturalismo y el postimpresionismo finisecular europeo, y por sobre todo, italiano, el trabajo pictórico de Jaime Bestard2(1892-1964) safa y esquiva los prejuicios a través de un uso peculiar del color, la pincelada y el espacio composicional: la imagen que vibra en una atmósfera de color se desentiende del compromiso representacional. 
Consolidada la imagen primera, con fuerte tinte localista e identitario en sus contenidos, el segundo momento se gesta sobre la urgencia de replantear el vínculo forma-contenido, de modo a adecuarlo a los cambios conceptuales, a los enfoques teóricos –la crítica , la historia y la filosofía del arte- y a la evolución del imaginario socio-cultural y los avances tecnológicos que empujaban a toda la civilización hacia otros horizontes de vida, y en la que el Paraguay de mediados de los años cincuenta estaba inserto. Ya la mejor pintura, la buena pintura, por cierto, de la primera hora no podía contestar – en el sentido de adecuación y ajuste de la imagen artística- a la emergencia de la nueva realidad. La renovación vendrá de la mano del Grupo Arte Nuevo,3 que planteó abiertamente la actualización formal como salida hacia la integración de nuevos contenidos –ideológicos y socio-culturales, con preferencia- con la forma moderna. El problema de fondo consistía en cómo expresar problemas culturales e históricos propios con formas universales; postura que estimuló y puso en crisis a la concepción académica que aún imperaba.
Si bien la ruptura fue más un acto de liberación que resultado de una organización programática, que pudiera guiar concienzudamente a la producción artística, es innegable que sirvió para desactivar las prácticas perimidas y alentar las expectativas hacia el futuro del arte y de los artistas en el Paraguay. Abierta las puertas y flanqueado los escollos, el desarrollo de lo moderno va ser acompañado y protagonizado tanto por artistas emergentes de la talla de Carlos Colombino, Edith Jiménez, Ricardo Migliorisi, entre tantos, como los brasileños Livio Abramo y Joao Rossi; ambos comprometidos con el origen, el desarrollo y el declive de lo moderno.
Una avanzada contemporánea, desde el Pop norteamericano y el Di Tella de Buenos Aires, hace eco y síntesis en el Grupo Los Novísimos4 en el año1964. Lo moderno transmuta en poco tiempo hacia formas como la performance, el happening y diversos modos de intervención en la realidad, con los que eclosionan los modos representacionales críticos del Grupo Arte Nuevo y la avanzada de la abstracción, de manos de Laura Márquez.
El desarrollo de la xilopintura5 en la obra de Carlos Colombino, la iconografía mordaz de Ricardo Migliorisi, la maestría para la pintura y el grabado de Edith Jiménez, desarrollados en cuarenta años, expresan claridad conceptual y prodigiosa creatividad.
En la década de los años ’90, la instalación, la fotografía y los nuevos medios electrónicos mudan radicalmente el concepto y la práctica artística. El grupo “El Aleph”6, que había empezado la experimentación objetual afines de los años ’80, investiga desde varios ámbitos las posibilidades del ready-made, abriendo el horizonte de la instalación y diversas maneras de montajes. Claudia Casarino, Fredy Casco, Carlos Bitar, Gabriela Zucolillo, entre otros, trabajan la imagen fotográfica desde una exploración del mero registro hasta procedimientos complejos de digitalización. En su momento, y es importante recordar, Jesús Ruiz Nestosa trabajó el lenguaje fotográfico desde una concepción avanzada de la forma y el contenido.
Artistas como Celso Figueredo y William Paats buscan estrategias que viabilicen formas críticas de interpelación socio ambiental, entre otros emergentes de principios del siglo XXI.
Carlos Sosa
Comentarista de arte
Asunción, febrero de 2009
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