Claudia Casarino “Una artista que no se concentra en un tipo de obra”

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Claudia Casarino trabaja en arte hace un poco mas de 20 años, se formó en el Instituto Superior de Arte de la Universidad Nacional de Asunción y realizó varios cursos en universidades de Londres y Nueva York.

En sus trabajos de instalación su vínculo con el espacio esta casi siempre presente y recurre constantemente al lenguaje del vestir, a su historia, su carga simbólica, semiótica y semántica.
Encontró que a través de la ropa podía hablar con elocuencia de las mujeres y de muchos otros temas.
La ropa es un vehículo elocuente para transmitir mensajes, siempre el disparador es un libro de algún filósofo, crítico o pensador en alguna situación de desigualdad, algunos trabajos lo realiza releyendo el dolor paraguayo donde hay capítulos específicos sobre la explotación de mujeres y hombres en los yerbales.

“Iluminando la ausencia”

Sus trabajos son siempre instintivos. Las imágenes se van formando, las va dibujando al leer (por ello la mayoría sus libros contienen los bocetos de sus obras), lo cual solo implica que lo que ha vivido, leído, reflexionado sale a la superficie una vez terminada la pieza, los temas de los cuales habla están tan íntimamente ligados a quien es, que es de lo que puede hablar.
El tul le resulta extremadamente elocuente. Es un tejido usado para tantos ritos en occidente, que sus interpretaciones pueden ser diversas, pero contundentes.

Su práctica no se concentra en un tipo de obra, pero cuenta con una línea conceptual muy marcada desde inicio de su carrera, en sus temas muestra constantemente temas que tienen que ver con la migración, desigualdad y gestiones de género.

 

 

 

“Serigrafía de barro”

“Tanta intemperie”
La tierra colorada se ha vuelto un elemento recurrente en su obra, serigrafía es un método de grabado que aprendió mediante una beca de estudio que tuvo en Inglaterra, en la serigrafía de barro, en lugar de usar tinta utiliza la arena colorada.
Recorriendo territorios de la sociabilidad y la filiación masculinas, marcadas indeleblemente por la intensidad de la explotación. Su punto de partida son los rigores de los yerbales, cuyos trabajos y sistema económico modificaron cuerpos al punto que la cifra de un esfuerzo desmesurado o las heridas de la sumisión fueron capaces de convertirse en artefactos que reproducen un vasallaje; o, por el contrario, se desvían y producen otros.”