Asunción: “La ciudad que ha perdido el arraigo de su gente”

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Asunción es producto de un desprendimiento de la expedición del primer adelantado del rio de la plata, el adelantado Pedro de Mendoza tenía en su capitulación de adelantazgo la obligación de fundar tres fuertes de piedras o tres ciudades en el camino al Perú, al pasar por Asunción por el territorio de los Carios Guaraníes y allí encontraron la posibilidad de hacerlo.  Este acontecimiento se produce el 15 de Agosto de 1537. Tampoco era posible realizar la fundación de una ciudad en un día, entonces se trabajaba en la instalación del contingente desde un paraje determinado con la seguridad de casos de ataques de naturales y luego se consagraba esa instalación al nombre de un santo o virgen que amparaba todo lo que se había hecho, probablemente esa instalación se produjo en los días previos o posteriores a la virgen de la Asunción entonces recibe ese nombre.

A partir de que Perú fuera conquistado por otros europeos desde el pacifico, Asunción dejó de tener importancia y comienza a partir de 1548 lo que los historiadores llaman “La Larga Siesta Colonial Asuncena” nadie más quiso venir a la ciudad de Asunción. La provincia del Paraguay dejaba de ser funcionalmente útil a los propósitos de la conquista del Perú. Asunción su capital aparece en la distancia más sola que nunca y su destino era la pobreza.

Asunción tuvo muchos acontecimientos traumáticos como el incendio de la ciudad, en aquel nefasto domingo se quemaron doscientas casas salvándose solo unas cuarentas, la siesta colonial, y algunos gobiernos más progresistas, donde fueron cambiando el orden natural que la ciudad fue adquiriendo creciendo alrededor de los barrancos y cursos de aguas para ser alineado a la geometría. Ese fue el orden que concebían algunas personas en ese momento; eso significó que Asunción perdiera mucho de sus encantos.

El mejor momento de Asunción fue con Carlos Antonio López, donde Asunción conoce el aporte de muchos gremios y emprendimientos que cambiaron no solamente su silueta sino también las perspectivas del pueblo en general para los días que se avecinaban.

 “La falta de planificación hizo que Asunción perdiera algunos de sus encantos.”

Si Asunción hubiera conservado esa relación natural con el medio alrededor de barrancos y arroyos, primeramente, los arroyos, no hubiesen desaparecido, hubiésemos tenido una ciudad casi veneciana con 5 arroyos cruzando el centro histórico de la ciudad con una laguna gigantesca en el medio de la ciudad que era nidales de aves de todo el mundo, nos hemos dedicado a explotar los recursos de la ciudad en donde es imposible tener ese contacto con la naturaleza. Hemos perdido la floresta, la fauna y un aire mejor respirable y limpio.

18.000 mil árboles de naranjos fueron plantados entre 1914 y 1918, estos árboles cubrían nuestra bella Asunción con flores hermosas dando un delicioso aroma a la ciudad, hoy día ya no contamos con ese bello paisaje donde también se percibía el aroma de los famosos Azahares, esto es un recurso con que aun cuentan algunas grandes ciudades.

“En Asunción ha nevado”, lleva como nombre un poema de un poeta argentino, y se refería a los azahares que florecían y caían cubriendo las calles con flores blancas aromáticas.

“La Asunción de ahora”

La diferencia de la Asunción de antes y la de ahora es que “La gente” de antes contaba con un gran sentido de pertenencia, orgullo de ser paraguayo y confianza en sus autoridades, teníamos cadena, pero cadenas de oro y se apelaba siempre a lo mejor que se pudiera ser.

Los cambios son inevitables en cualquier ciudad o cualquier grupo social, pero se hubiesen evitado algunos errores importantes, como la dispersión inorgánica, se hubiera conservado el centro histórico en las condiciones más originales posible entre otras muchas cosas.

Asunción debe de recuperar el amor de su gente

La gente de hoy utiliza a Asunción como campamento mientras realizan sus conquistas laborales, comerciales o económicas, no les importa absolutamente nada. Es importante el sentimiento de arraigo, la vinculación, cuando uno no tiene ese sentimiento no fortalece ese vigor afectuoso entre la persona y el lugar, no le preocupa el sitio donde vive.

Hay que salvar a Asunción de todo lo que ha desvirtuado su esencia como capital original de toda la región y como capital del estado paraguayo.