BIT – CENTRO DE BIENVENIDA, INTERPRETACIÓN Y TURISMO DEL URUGUAY

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TESTIMONIO DE ENCUENTROS

Históricamente este lugar ha sido escenario de encuentros. Imperios, culturas y voluntades políticas, dejaron testimonio silencioso de su existencia, que hoy puede leerse configurando una impronta particular.

El proyecto acepta esas preexistencias e intenta incorporarse con una vocación integradora, propulsora de un nuevo espíritu, como portal de entrada a un país que se recalifica como destino.

El espacio público configura así un elemento principal de la propuesta, desarrollado a diversas escalas, transformándose en vinculador de las preexistencias y brindando a la ciudad nuevos espacios de uso: la plaza de los Ceibos -como prólogo a la experiencia del Centro- la recalificación del carácter autóctono del parque costero y la nueva terraza.

El espacio se construye para ser vivido como una inmersión a lo natural antes de entrar al Centro, un prólogo necesario para vivir la Experiencia Uruguay.

La PLAZA DE LOS CEIBOS como espacio de recepción a nivel del parque, el Centro con su piel verde, la remesa y el agrupamiento de Ceibos -flor nacional- sobre un solado de hormigón cruzado por “nervaduras” cubiertas con césped.

El edificio se posiciona dentro de linealidad espacial configurada por la implantación de instalaciones que testimonian el pasado ferroviario del predio. A la vez busca marcar fuerte presencia desde el agua como llamador, en la aproximación del barco hacia la costa.

Por otro lado propone una fachada de escala más urbana hacia calle Odriozola, posibilitando su apropiación a través de intervenciones artísticas, la cual se va desmaterializando hasta convertirse en una terraza en el sector de visuales más despejadas hacia el río, brindando un espacio soporte para actividades culturales de la ciudad. El edificio se transforma así en un condensador de actividades donde interactúan locales y visitantes.

La piel vegetal, considerada como recurso estético y compositivo de la cultura de la sostenibilidad, entendida como parte fundamental de la vivencia del espacio y de la imagen de un país: “Uruguay Natural”.

Esta fachada incide sobre la calidad medioambiental dentro y fuera del edificio. Protege al interior del sol y los vientos, según su orientación. El velo vegetal de bignonias rosadas, genera tamices de luz provocando texturas y reflejos diversos al interior, y transforman a la naturaleza en una obra de arquitectura.

Funciona como jardín vertical, que permite la proximidad a flores, perfumes, mariposas y denota el pasaje del tiempo por variaciones fenológicas y estacionales de la especie seleccionada.

Otros elementos generadores del edificio son la estructura de pórticos en diálogo con las preexistencias ferroviarias -minimizando su mantenimiento con el uso de acero corten. Una trama dispuesta geométricamente inspirada en el estudio de nervaduras de hojas de árboles nativos, sobre las cuales crecerán las enredaderas.

El sistema de rampas, vincula el nivel de calle y parque a través de recorridos múltiples generando un eje de acceso único al edificio. Las áreas técnicas y de servicios se concentran liberando el resto del volumen a las exigencias programáticas del edificio. Al interior, se generan visuales que proponen la percepción global del lugar; el acceso por la rampa principal interior dentro del hall lineal en doble altura invita a percibir durante su recorrido el espacio global del edificio, el velo verde, la plaza de los ceibos y el puerto. La propuesta responde a las exigencias programáticas con flexibilidad posibilitando el uso de los distintos espacios como el área gastronómica y el de consulta turística de forma independiente. Se agregan espacios no exigidos por el programa que consolidan al edificio como polo atractor.