Migliorisi: el sitio del cuerpo

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TORSO Y DORSO, ESCORZO
El cuerpo se ha vuelto escenario privilegiado de la estética contemporánea. Pero no cualquier cuerpo sino el propio: el cuerpo del artista que ejecuta la obra. Que se contempla a sí mismo, narcisista, y retrata su figura objetivada. Que se vuelve, suicida, sobre sí y disecciona sus partes separadas. Para
el discurso de las Bellas Artes, el organismo humano es un prototipo de armonía, un espacio de tensiones que debe ser resuelto en composición integrada.
Ricardo Migliorisi encara el cuerpo como lugar de cruce de la memoria propia y la obsesión de los tiempos globales. Y lo hace trabajando un espacio fantasmal que cuestiona los lindes entre lo orgánico y lo subjetivo, lo público y lo privado, lo íntimo y lo exterior. Fotografía su propio cuerpo desvestido (la ropa interior, arremangada, no hace más que subrayar el desnudo), interviene las fotografías y las vuelve a fotografiar en un movimiento
doble: en un gesto múltiple que, simultáneamente, quiere transitar y desandar el camino de una cultura capaz de mirar lo real sólo desde el rodeo de los medios y la mirilla de los discursos. Enseñan el puro rastro de un silencio innombrable que celebra los estigmas de la diferencia y convierte en poesía las heridas del pecado.

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